septiembre09 PDF Imprimir E-Mail

LITERATURA INFANTIL / juvenil
BASTIAN Y LA PALABRA MÁGICA  
     Septiembre, comenzamos el "cole" con las baterías completamente cargadas gracias a un largo y caluroso verano. Al inicio de un nuevo curso siempre hay propósitos de enmienda, y uno de ellos puede ser dedicarle más tiempo a la lectura. Si hay algún chico que le cueste más leer aquí le escribo un "Conjuro de Lectura" para que lea sin esfuerzo.
Toma dos clases de leña
(una blanca y otra negra)
y haz un buen fuego con ellas.
Llena de aceite un caldero,
fríe en él nieve de enero.
Guarda el caldo y un carbón,
durante una luna o dos,
Tritura la mezcla luego
con la mano del mortero.
Mete en un cuerno la harina
y, cuando quieras volar,
¡en un libro echa una pizca!
 
 Ha amanecido lloviendo. El día comienza mal y la familia de Bastian esta de mal humor. A Bastian no le gusta la lluvia porque tiene que estar todo el día en casa. Bastian y su mamá se enfadan y, es que él piensa pero no es capaz de expresar sus pensamientos con palabras.
 
Título: Bastian y la palabra mágica.
Autor: Wolfgang Gabel.
Editorial: Everest.
  A partir de ocho años.
 
Mauro Almisas
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Paulo Antonio está leyendo...
Józef Teodor Konrad Korzeniowski (1857-1924), escritor inglés de origen polaco mundialmente conocido como Joseph Conrad. Sin lugar a dudas, el novelista es una de esas rara avis que han logrado impregnar su literatura con las ricas páginas de una vida aventurera y azarosa. La mejor prueba de esta vocación es la propia biografía de Conrad, quien decide abandonar sus estudios a los diecisiete años para enrolarse en la marina mercante francesa y "simplemente" ver mundo. Un intento de suicidio, el servicio militar en un buque británico, la consecución de la nacionalidad británica y, sobre todo, el título de Capitán de Barco fueron los pilares básicos sobre los que el Conrad narrador va cobrando forma. En 1895 ve la luz su primera novela, La locura de Almayer pero es, quizá, en 1897 con El negro del Narcissus y en 1899 con la aparición por entregas de El corazón de las tinieblas cuando se consagra plenamente en el panorama literario finisecular. Tras años de navegación parece haber hallado puerto seguro en la literatura y, concretamente, en la ficcionalización del yo.
Joseph Conrad escribe entre 1898 y 1899 posiblemente su obra más personal y oscura, Heart of Darkness, traducida en España como El corazón de las tinieblas. La novela o cuento extenso no se publica en forma de libro hasta 1902 y sin duda supuso un aldabonazo en la consciencia de las potencias europeas colonizadoras, en particular, de las embarcadas en una desaforada explotación del continente africano. No obstante, la grandeza del relato sobrepasa las lindes de una literatura anti-imperialista para alzarse como precisa disección de la naturaleza humana.
El narrador conradiano no censura desde una moral intachable sublimada en un prodigio de omnisciencia. Todo lo contrario, introduce una instancia narrativa ya presentada en novelas anteriores - el capitán de barco Marlow- que relatará sus vivencias a sus camaradas marinos. Marlow-Conrad narra la travesía que realizó al Congo a bordo de un vapor inglés para relevar a un agente comercial, Kurtz, el otro gran polo de la historia porque por encima de la estructura o el estilo hay tres personajes que fagocitan buena parte de la trama: Marlow, Kurtz y la selva. El capitán representa la cultura occidental, la civilización frente a las incomprensibles fuerzas del instinto y el inconsciente que Kurtz descubre en lo profundo de la selva "a quien Marlow encuentra no es a Kurtz, sino a la selva" (p. 13). Más allá de un mero marco geográfico, la jungla adquiere vida, es un ser ominoso y agresivo que influirá inexorablemente en aquellos que osen adentrarse en sus secretos.  

El corazón de las tinieblas no solo nos ofrece la singladura de un marino en el negro corazón de África, sino el espejo en el que todo hombre debe mirarse largamente y exclamar: "¡El horror! ¡El horror!".
Paulo Antonio Gatica Cote
 
Tintilla de RotA

  por José Navarrete y Vela Hidalgo y Antonio de García de Quirós Milán

Participan en esta obra dos insignes maestros de la narrativa como son los escritores José Navarrete y Antonio García de Quirós. Dos líderes que, cada uno en su tiempo, estudiaron, analizaron y anduvieron los caminos que un literato debe andar para informara verazmente.
Yo no soy escritor, no sabía qué camino seguir y se me ocurrió una solución: irme directamente a preguntarle a una cepa de uva tinta.
Una tarde de agosto, y aprovechando uno de los pocos días que ha soplado el fresquito viento de Poniente, me personé en Rota, busque las viñas de las arenas de campo en el pago del Tehigo, anduve dando vueltas y, de buenas a primera, me topé con una cepa de tinta que me pareció la propia para ser mi interlocutor.
Me senté en la arena de su pequeña sombra. El silencio era absoluto y, en cuanto me hice a mi propio latir y respiración, empecé a oír la tenue brisa de Oeste entre las hojas. Liego, mi olfato me hablaba claramente de la cercanía del ser vivo. Dese niño me ha parecido que la cepa huele a estar viva.
Sin mover con mis manos sus hojas para no romper aquella hermosa sinfonía del silencio, escudriñé un poco y vi su fruto, ¡ la uva tinta!: pequeña y aparentemente humilde en su grandeza.
En aquel silencio me atreví a hablarle convencido de que así lo esperaba la planta. Tinta, le dije, no pareces una cepa como las demás. Tú no estás injertada. Te veo tan virginal, tan pura, tan de verdad, que tu fruto me recuerda al de la ripara: la más divina, silvestre y ancestral manera  de reproducción de la vid.
No dijo nada…  Silencio… El que calla, otorga.
Le pregunté si su casta era oriunda de Rota y me respondió en su lengua vinífera que sus orígenes se perdían en el tiempo, pero que no hace mucho tenía familia en Jerez y en Sanlúcar  y en Chipiona, y hasta en la sierra y que Dios quiso traer a toda su familia a Rota porque sus arenas sin grietas la salvaría del ataque de la filoxera.
¡Qué interesente! Así que tus raíces no padecen el pecado original de la vid.
Se oyó una brisa, un murmullo del Poniente, un tenue remolino de sus hojas y entendí algo fantástico: me pareció que dijo que la Virgen del Rosario la había traído aquí, además (quizás en burro), para salvarla del nuevo Herodes que degüella  y arranca a sus parientes de  los alrededores…
Zoilo Ruiz-Mateos Jiménez de Teja
 
 
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