Tintilla de RotA
por José Navarrete y Vela Hidalgo y Antonio de García de Quirós
Milán
Participan en esta obra dos insignes
maestros de la narrativa como son los escritores José
Navarrete y Antonio García de Quirós. Dos
líderes que, cada uno en su tiempo, estudiaron,
analizaron y anduvieron los caminos que un literato debe andar
para informara verazmente.
Yo no soy escritor, no sabía
qué camino seguir y se me ocurrió una
solución: irme directamente a preguntarle a una cepa de
uva tinta.
Una tarde de agosto, y aprovechando uno de
los pocos días que ha soplado el fresquito viento de
Poniente, me personé en Rota, busque las viñas de
las arenas de campo en el pago del Tehigo, anduve dando vueltas
y, de buenas a primera, me topé con una cepa de tinta
que me pareció la propia para ser mi interlocutor.
Me senté en la arena de su
pequeña sombra. El silencio era absoluto y, en cuanto me
hice a mi propio latir y respiración, empecé a
oír la tenue brisa de Oeste entre las hojas. Liego, mi
olfato me hablaba claramente de la cercanía del ser
vivo. Dese niño me ha parecido que la cepa huele a estar
viva.
Sin mover con mis manos sus hojas para no
romper aquella hermosa sinfonía del silencio,
escudriñé un poco y vi su fruto, ¡ la uva
tinta!: pequeña y aparentemente humilde en su grandeza.
En aquel silencio me atreví a
hablarle convencido de que así lo esperaba la planta.
Tinta, le dije, no pareces una cepa como las demás.
Tú no estás injertada. Te veo tan virginal, tan
pura, tan de verdad, que tu fruto me recuerda al de la ripara:
la más divina, silvestre y ancestral manera de
reproducción de la vid.
No dijo nada… Silencio…
El que calla, otorga.
Le pregunté si su casta era oriunda
de Rota y me respondió en su lengua vinífera que
sus orígenes se perdían en el tiempo, pero que no
hace mucho tenía familia en Jerez y en Sanlúcar
y en Chipiona, y hasta en la sierra y que Dios quiso
traer a toda su familia a Rota porque sus arenas sin grietas la
salvaría del ataque de la filoxera.
¡Qué interesente! Así
que tus raíces no padecen el pecado original de la vid.
Se oyó una brisa, un murmullo del
Poniente, un tenue remolino de sus hojas y entendí algo
fantástico: me pareció que dijo que la Virgen del
Rosario la había traído aquí,
además (quizás en burro), para salvarla del nuevo
Herodes que degüella y arranca a sus parientes de
los alrededores…
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